Espiritualidad secuestrada

DiverGente

Hay personas que, en algún momento de su existencia, experimentan vivencias extraordinarias. Gente que, con la predisposición y la actitud adecuadas, consigue adentrarse en una dimensión autotrascendente o en un estado de conciencia y plenitud que se podrían corresponder con lo que Sigmund Freud identificó muy gráficamente como sentimiento oceánico. Una experiencia de estas características suele ser fugaz, pero ni pasa desapercibida ni nos deja indiferentes. Ejerce un efecto sobrecogedor en quienes la experimentan, y suele ir sucedida de una sensación que está entre lo maravilloso y lo inquietante.

Al abordar estas cuestiones lo hago siempre desde una perspectiva racional, y dando por sentado que este tipo de experiencias espirituales dependen por completo de los mecanismos cerebrales. Por lo tanto, ni es algo a lo que solamente tengan acceso un grupo privilegiado de personas, ni se trata de un fenómeno que deba ir anexado a la práctica de algún…

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